Café y croisssant

Entré en el café como siempre a las 11. Al entrar me tropecé con alguien que salía a toda prisa. Un hombre de edad mediana que se apresuró a cruzar la calle, sin percibir la lluvia.
Me senté y encargué mi café y mi croissant, cogí el periódico y mientras lo hojeaba , la camarera vino a recoger la mesa.
- ¿Es suyo este móvil?
- Ah, sí, qué despistada,- mentí por un impulso irracional.
La pantalla aún mostraba este mensaje.:
"Aunq no volvamos, me sigue encantando tenerte atrapado en mi boca. Me gusta encerrarte en los límites de mis labios y acariciar con la lengua la hiniesta voluntad de tu deseo."
Saborée el croissant, mientras calculaba cuánto tardaría en volver a por su móvil el hombre con la gabardina empapada.

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