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El silencio

Como hacíamos antes, quedamos a tomar café. Llegó puntual, como siempre, y no paraba de charlar. Preparamos a medias la cafetera, batimos la leche, añadimos canela y la conversación fue serenándose. No le pregunté nada. Sabía que acababa de salir dolorosamente de la que había creído la historia de su vida. No me habló de él. Miramos revistas, hablamos de ir a la pelu, quedamos en ir a la playa. Me contó anécdotas del trabajo, me regaló un recuerdo de su último viaje. De vez en cuando guardábamos silencio. Se iba a ir para la calle y en el estrecho pasillo nos rozamos. Poner un momento la mano en su espalda y notar su temblor fue todo uno. Pensé que se me derrumbaba, que se echaría a llorar, cuando se giró hacia mí. La abracé y recordé fugazmente que cuando erámos estudiantes había habido veces en que deseé retenerla junto a mi, abarcarla con mis brazos, sostener su bello semblante, hundirme en sus ojos oscuros. Pero no había lágrimas en su rostro y eran ahora sus manos las que m...

El ático

Mientras mi marido ronca a mi lado presto atención a los ruidos de la noche. Espero distinguir arriba en el ático unos crujidos leves, acompasados. Entonces me sereno y escucho con atención los diferentes tonos del vaivén. Reconozco la impostergable ansia de besos y ropa,   la toma de posesión de la piel del otro como un paisaje en el que perderse. Se agita el traqueteo bajo dos cuerpos jóvenes que se apegan uno a otro y a la vida vigorosamente. Y sin envidia percibo apenas   ese dejarse ir, primero contenido hasta que estalla y se desborda para desmayarse luego. Me complace el silencio de los cuerpos satisfechos y me hace feliz que sobre nuestras cabezas se deseen y se tengan. Mi cuerpo ya no añora esas urgencias, pero recuerda. Se marchita sin prisas, domesticado por el tiempo y se alegra de que otros revivan el esplendor que hubo un día, cuando una caricia sabia, osada, impaciente y sedienta convocaba deseos, armonizaba somieres, desafiaba silencios, p...

Gemas prestadas: Toco tu boca - Julio Cortázar.

Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu ...

Gema prestada: Mario Benedetti

El sexo de los ángeles. Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales. Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas. Así, cada vez que Ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales. Y si Ángel, para abrir el fuego, dice: "Semilla", Ángela, para atizarlo, responde: "Surco". Él dice: "Alud" y ella, tiernamente: "Abismo". Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos. Á...

Sólo palabras

Habías conseguido que me estremeciera. Presté toda la atención posible a cada una de tus palabras. No me resultaba sencillo, me apoyé contra la verja del jardín, detrás de la palmera que me mantenía casi oculta, observando con disimulo a la gente que pasaba camino de sus trabajos. No me paré a preguntarme cómo te las habías ingeniado para conseguir que me temblaran ligeramente las rodillas, seguía pensando que todo estaba bajo control y que no te dejaría llegar más allá de donde yo decidiera. Sólo que esta vez estaba deseando saber hasta dónde eras capaz de llegar. Y no sé cómo lo adivinaste, no había ni un atisbo de duda, estabas trazando perfectamente el camino que me llevaba hasta donde tú querías. No repetiré todo lo que dijiste. Yo no tenía fuerzas para responderte para explicarte nada. Sólo quería oír esas mismas palabras otra vez. Lograste que me quedara sin palabras, sin razones. Pero sí te dije lo que no había confesado antes, que tengo miedo a la pasión.

Gema prestada: otra vez Neruda

Ausencia Apenas te he dejado, vas en mí, cristalina o temblorosa, o inquieta, herida por mí mismo o colmada de amor, como cuando tus ojos se cierran sobre el don de la vida que sin cesar te entrego. Amor mío, nos hemos encontrado sedientos y nos hemos bebido todo el agua y la sangre, nos encontramos con hambre y nos mordimos como el fuego muerde, dejándonos heridas. Pero espérame, guárdame tu dulzura. Yo te daré también una rosa. Neruda expresa muy bien la idea de la fugacidad del amor saciado. Apenas nos hemos separado, nuestros olores no se han disuelto todavía, pero ya llega la ausencia como una marca indeleble, pesando en nuestros cuerpos que eran etéreos unos momentos antes.

10 bombones

Había terminado con las obligaciones que me habían llevado a la ciudad de X. Tenía mucho tiempo por delante hasta que mi avión me devolviera al día siguiente a casa. Al llegar al hotel encontré un delicado paquete bien envuelto. Miré la tarjeta , desgarré el envoltorio y entré en la habitación con un delicioso bombón de licor en la boca. Sólo hay una manera de tomar estos bombones, tienes que meterlo entero en la boca, apoyarlo contra el paladar y dejar que la lengua presione hasta romper su base. El licor inunda entonces la boca y la lengua se dedica a repartir los sabores mientras el chocolate se funde blandamente. Todo lo demás queda en suspenso. El sabor permanece unos minutos mientras volvemos al insípido mundo real. Al poco tiempo la boca vuelve a pedir más. Y para qué negárselo… Llamé al teléfono para agradecer el detalle y te invité a compartir conmigo las delicias que me ofrecías. Esperé en la habitación planeando una puesta en escena sencilla. Los 10 bombones que quedaban f...