Déjame entrar...
Quieres que te deje entrar, sí... Pero primero éntrame por los ojos, deja que mire tus hombros, a ver si invitan al abrazo; déjame que lea en tus manos, en el perfil de tus dedos, tus movimientos precisos o suaves.
Luego déjame que te oiga, y que sepa si tu voz me invita, me provoca, me seduce.
Luego vendrá el momento de olerte. Debo saber que podré conocerte con los ojos cerrados. Quiero encontrar el olor tibio a sudor que destila tu piel, y que me cuenta cosas de ti que no se pueden descifrar. El olor que promete los sabores.
Entonces vendrá el momento de que entres en mi boca. Y serás dulce o salado, o quizá seas ácido y tal vez amargo. Y tu lengua confundirá la mía mientras me llegan en oleadas reminiscencias de café o de vino o de saliva fresca.
Sólo entonces, sí , plenamente deja que tu mano confirme lo que intuía al verte. Cógeme con tus manos y que sea el tacto de nuestra piel quien nos guíe, Deja que recorra la sinuosa espalda, fuerte y tibia, que mis brazos se acostumbren a los tuyos y deja que los dedos jugueteen.
Y volverán la miradas, las palabras que espolean y las que calman, el brillo perlado de la piel , el olor acre del vello secreto. Éntrame entonces cuando mis sentidos abiertos te hagan sitio para que puedas crecerte, para que olamos la luz, bebamos los olores, saboreemos las palabras.
Y ahora, sí, entra, entra, entra.
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