Escondido por ahí...


Creo que él no lo sabe... todavía, pero mientras está en el trabajo espío su portátil. Miro el historial y me entretengo viendo las páginas porno que él se divierte en ver cuando no estoy en casa... o al menos eso supongo.
Antes se lo reprochaba, pobrecillo, me sentía inferior ante aquellas tetas enormes, esas miradas pasmadas y supuestamente lúbricas, aquellos chochitos finamente depilados. Luego descubrí el photoshop, claro.
Ahora es una diversión de maruja. No sé si mi ídolo, Misae Nohara, lo practica también, pero es encantador imaginárselo babeando ante tanta silicona... Y, sí, a veces hay alguna imagen, alguna escena, que me pone y me obliga a salir corriendo a buscar en mi mesilla de noche mi accesorio favorito.

Si lo pienso bien, los cuerpos masculinos nunca se presentan en su fiera belleza, sino en su dura genitalidad. Algún torso, alguna cadera, las manos hundiéndose en hendiduras abiertas, pero pocas veces los hombros, casi nunca la cabeza, menos aún los ojos.

¿Y a mí qué me pone? Algunos relatos, a veces algún post de audio, algunas palabras susurradas en el momento adecuado, algunos olores, algunas texturas, la expresión fugaz de un rostro.... No se ha inventado aún el sexo virtual que realmente me ponga cachonda. Menos mal que uso la imaginación, retoco los recuerdos. Colecciono buenos momentos, preparo deliciosas travesuras que reservo para la ocasión adecuada.

Y a veces me divierto con fotos como ésta. ¿Será que me recuerda mi primer ordenador?

Imágenes tomadas de flickr:
(entre mirones de playa y catálogos de lencería fue difícil encontrar algo agradable de ver, la verdad.)
lostferret
danielgreene

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