El secreto

Mientras la ciudad se desperezaba aún, pudo verlo cruzar la calle con aire resuelto y paso jovial.

Se arropó entre las sábanas tibias, para prolongar el recuerdo del último abrazo, y en ese instante supo que él le había entregado aquella noche un tesoro único, algo que los unía con un lazo misterioso e íntimo: había dejado que descubriera su inesperada fragilidad.

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