No te atreverás…

Así que quieres que te cuente que hago por aquí a estas horas. ¿De verdad quieres que te lo cuente?

¿Quieres que te diga que el ruido de mis jóvenes vecinos me ha desvelado? ¿Te cuento las preciosas historias que me he contado para poder dormirme a gusto?
¿Te cuento mejor cómo con el cuento he ido recorriendo mi piel? Yo tenía los ojos cerrados, tapados tal vez por una venda suave, las manos atadas al cabecero mientras una amiga me preparaba para un encuentro secreto. Ella sabiamente me iba depilando las cejas, las axilas, el vello escaso que desde el ombligo busca mi pubis y los pelitos que se erizan cerca del pezón. Para suavizar mi piel enrojecida usaba su lengua, luego ha preparado mis pies para que los lama a gusto el hombre que me va a follar después. Y por último ha depilado con devoción el interior de mis muslos, de mis nalgas y por último todo el monte de Venus.
Al cabo suavemente ha ido ensayando los once besos que voy a suplicar, dos en el cuello dos en las axilas, dos en los pezones, dos largos en las aberturas de los dedos de mis pies, uno juguetón en el hueco de mi ombligo, uno estático en mi húmedo sexo y al final el que me va a inundar la boca con mis propios sabores viajeros de su lengua.

Para que pueda prepararme a gusto ha ido palmeando suavemente sobre los dos labios que esconden mi clítoris. Los golpes constantes y breves han ido subiendo de intensidad mientras me retorcía atada a un deseo ciego. Sabe cómo provocar, como hacer que pierda la cabeza. Así que mientras me ordenaba “córrete puta”, los golpes se han cambiado por intensos giros sobre el clítoris y pellizcos continuos en mis pezones.

Me he imaginado entonces rodeada de hombres que me veían excitada sin poder tocarme, mientras gemía de placer.

Cuando ha notado que ya me había corrido a gusto me ha cubierto con un edredón suave. De mi mente han desaparecido los mirones. Entonces ha empezado a vestirme para el hombre que me va a follar.

Una red de seda envuelve mis formas, un corsé levanta mis pechos, unas pulseras preparan mis muñecas y mis tobillos para las esposas o los lazos por si los quiere usar.

Me ha maquillado esmeradamente. Mis labios parecen cerezas que piden ser mordidas. Mis nalgas y mis pechos se contonean al paso que marcan los tacones más altos que nunca haya probado.

Me ha llevado de la mano para otra habitación. He notado al caminar que el sudor perlaba mi piel. Me ha sentado en una silla con el respaldo entre mis piernas, frente a un espejo.

He visto mi reflejo en él y me ha excitado. Mi coño brillante muestra su poderoso orgullo, y mientras me toqueteaba los pezones, él ha entrado en la habitación, vestido con chaqueta y corbata, se ha quedado en la penumbra y me ha dicho, como si me leyera el pensamiento, mastúrbate para mí. Yo he hecho, casi sumisa, lo que me ha pedido. Lentamente, sistemáticamente, jugando con la silla, mirándome al espejo, enseñándole mis nalgas mientras me toco la raja y los pezones. He ido gimiendo como una gata, he sentido la oleada de calor antes en la espalda que en sexo y cuando la excitación me ha desbordado, he parado, me he girado. He cruzado las piernas y después de un silencio he sido yo la que ha ordenado: dame mis once besos y luego fóllame.

Comentarios

carlitos ha dicho que…
...el sudor perlaba mi piel.

mmmmmm.... muy sugerente

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