Sexo en Nueva York... o en donde sea.
Después de un parón de varios meses, las redactoras de Gema del Icia decidimos reabrir este espacio personal. Lo comentábamos hoy entre cervezas y tapas antes de entrar en el cine a ver, inevitablemente, Sexo en Nueva York, película de la que sólo hemos salvado a Dante, que por algo lo llamaban "el divino".
Con su tradicional ñoñería en temas de sexo, - Charlotte delante de la niña no quiere que se pronuncie la palabra sexo, por lo que usa símiles pictóricos, o Miranda hace el amor con una camiseta que deben repartir los ultraconservadores a las parejas que pretenden llegar vírgenes al matrimonio, mientras que Samantha soporta airosamente unas demostraciones de sexo del vecino que a nosotras nos dejarían sin sueño una semana o sin pilas AA al estanco de la esquina-, su ñoñería en la forma de entender a las mujeres - todas a todas las edades queremos dos cosas: tiendas y tíos...- , y su inconsistencia argumental, la peli era un pretexto para reunirnos y decidirnos a ampliar nuestro grupo de redactoras y colaboradoras.
Así que aquí estamos, sin gastarnos 500 dólares en unos Manolos ni pretender tener un bolso Chanel de alquiler, capaces por el momento de gestionar nuestros correos, escribir sms y hacer mudanzas por nosotras mismas.
Creemos que tengamos la edad que tengamos la vida merece la pena y que el sexo es la celebración de la vida. Estamos dispuestas a quemarnos en hogueras por San Juan, porque no sabemos vivir a medias.
Pero como no somos tontas, hemos decidido ir a las rebajas, cuidarnos los pies y comprarnos unas sandalias de locura; algo totalmente irresistible, ¿Quién no estaría dispuesto a acariciar, masajear, chupetear y mimar unos pies como éstos hasta hacer gemir de placer a su feliz propietaria, para escandalizada envidia del vecindario del bloque de apartamentos de la playa?

Con su tradicional ñoñería en temas de sexo, - Charlotte delante de la niña no quiere que se pronuncie la palabra sexo, por lo que usa símiles pictóricos, o Miranda hace el amor con una camiseta que deben repartir los ultraconservadores a las parejas que pretenden llegar vírgenes al matrimonio, mientras que Samantha soporta airosamente unas demostraciones de sexo del vecino que a nosotras nos dejarían sin sueño una semana o sin pilas AA al estanco de la esquina-, su ñoñería en la forma de entender a las mujeres - todas a todas las edades queremos dos cosas: tiendas y tíos...- , y su inconsistencia argumental, la peli era un pretexto para reunirnos y decidirnos a ampliar nuestro grupo de redactoras y colaboradoras.
Así que aquí estamos, sin gastarnos 500 dólares en unos Manolos ni pretender tener un bolso Chanel de alquiler, capaces por el momento de gestionar nuestros correos, escribir sms y hacer mudanzas por nosotras mismas.
Creemos que tengamos la edad que tengamos la vida merece la pena y que el sexo es la celebración de la vida. Estamos dispuestas a quemarnos en hogueras por San Juan, porque no sabemos vivir a medias.
Pero como no somos tontas, hemos decidido ir a las rebajas, cuidarnos los pies y comprarnos unas sandalias de locura; algo totalmente irresistible, ¿Quién no estaría dispuesto a acariciar, masajear, chupetear y mimar unos pies como éstos hasta hacer gemir de placer a su feliz propietaria, para escandalizada envidia del vecindario del bloque de apartamentos de la playa?

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